INSTITUCIONALES
LA CULTURA DE SER GRANDE
San Lorenzo de Almagro, que el 1° de abril cumplió 118 años, instauró un claim, renovó su escudo y puso en valor y perspectiva su maravillosa historia: somos únicos y el mundo nos sigue admirando.
El misionero Rodolfo Fischer, ídolo eterno de San Lorenzo y gloria del fútbol argentino, falleció a los 76 años. Su recuerdo será imborrable.
Sus goles ya forman parte de la leyenda. El físico imponente, el remate furibundo, la presencia en el área que intimidaba a defensores y arqueros. Fue el ídolo de toda una generación. Y desde hoy, el nombre de Rodolfo Fischer ingresa en la categoría de mito azulgrana. Se nos fue el Lobo, el artillero de Los Matadores, el artífice de tantas tardes de alegría cuerva. A sus 76 años, su fallecimiento cala hondo en el corazón de su amado San Lorenzo, que lo despide con todo el respeto del mundo.
Misionero de Oberá, a los 19 años vino a probarse a San Lorenzo, con la ilusión de triunfar en el fútbol grande. Por supuesto, impactó por su presencia y no tardó en debutar en Primera: lo hizo el 18 de abril de 1965, en la fecha inicial de ese torneo. Esa tarde, San Lorenzo empató 1-1 contra Argentinos, en cancha de Atlanta. Eran épocas de los Carasucias, un equipo conformado por jóvenes de las Inferiores, de fútbol ofensivo y vistoso, en el que Fischer empezó a ganar confianza.
Fue el paso previo a la conformación del que, para muchos, es el mejor equipo de nuestra historia: los Matadores de 1968. El primer campeón invicto del fútbol argentino arrolló en el Metropolitano de ese año, y Fischer resultó goleador, con 13 tantos, además de contar con presencia perfecta en el torneo. Suyo fue, además, el grito de la consagración, en el 2-1 a Estudiantes en tiempo suplementario. Ese remate del Lobo forma parte de los momentos esenciales de la mitología cuerva.
En total, Fischer festejó 141 veces con la azulgrana, lo cual lo convierte en el cuarto goleador histórico. Disputó 272 partidos, en dos períodos distintos: 1965-1972 y 1977-78. Y además de esa estrella del ‘68, sumó otra en el Metropolitano de 1972 (fue vendido a mitad del certamen, pero convirtió 11 goles en los 12 partidos en los que jugó).
El Lobo también paseó su fútbol por la Selección (12 goles en 35 partidos) y llegó a ser ídolo del Botafogo de Brasil. Se retiró en Sarmiento de Junín, en 1980, luego de conseguir un histórico ascenso a Primera. A lo grande, como merecía una carrera brillante.
Su recuerdo será imborrable. Los memoriosos lo seguirán viendo con el pecho inflado, imparable, tirando su famosa “bicicleta” para ganarle al defensor rival. Los más jóvenes tienen grabado a fuego el relato emocionado de sus padres y abuelos. Y en las plateas del Pedro Bidegain, ésas que pueblan un sector que lleva su nombre, nuevas generaciones tendrán presente la leyenda del Lobo Fischer.
¡Hasta siempre, campeón!
San Lorenzo de Almagro, que el 1° de abril cumplió 118 años, instauró un claim, renovó su escudo y puso en valor y perspectiva su maravillosa historia: somos únicos y el mundo nos sigue admirando.
La Reserva de San Lorenzo se impuso 2-1 ante Gimnasia de Mendoza, en Ciudad Deportiva, por la quinta fecha del campeonato.
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