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Entrevista

Las que quieren celeste

Mariana Bertolini y Federica Silvera son las goleadoras de Las Santitas de la temporada en fútbol de campo. En total, las uruguayas ya suman 10 goles. "Si seguimos trabajando así, en algún momento se dará el título" coinciden. Conocé a la dupla Suárez-Cavani de Boedo.

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Se turnan. Una arranca una por la derecha, gambetea y suelta rápido la pelota. Después es al revés: una mete la diagonal, la otra espera, agazapada, al borde del área. Son Blandi y Cerutti, pero ellas bromean y le gusta ponerse en el papel de Suárez y Cavani. Porque son las goleadoreas de Las Santitas de esta temporada con 10 tantos, uruguayas, y defienden con fiereza la camiseta azulgrana. "Si me parezco a un jugador, digo que soy como Cavani, porque me puedo tirar por las bandas y, sin embargo, trato de estar siempre en la finalización", dice Federica Silvera. "Y entonces yo soy Suarez: porque juego de nueve", agrega Mariana Bertolini, en medio de algunas risas.

 

San Lorenzo ya disputó todos los encuentros de la primera rueda del Torneo de AFA más el primero de la segunda (victoria 2-1 ante Estudiantes) y cerró el 2017 en el cuarto lugar, en la lucha intensa por meterse en el podio: 9 triunfos, 31 goles a favor y solo 5 derrotas empiezan a mostrar los frutos de un proyecto que encabeza el Ciclón a largo plazo, con muchas jugadoras jóvenes con proyección y varios refuerzos. "Estoy contenta. Tanto en fútbol de campo como en futsal, las cosas están saliendo bien y eso te motiva a dar mucho más. Llegué hace poco y el tiempo de adaptación siempre es difícil, pero se está formando un grupo de compañeras muy lindo y eso es fundamental para que se den cosas importantes", comenta Silvera, que solo lleva seis meses en el club y marcó cuatro goles.

Por su parte, Bertolini explica: "Ya estoy hace un año en el club, los primeros seis meses fueron muy difíciles, extrañaba muchísimo. Pero después me empecé a adaptar, y mis compañeras me ayudaron mucho a estar mejor. Espero seguir mejorando en el aspecto deportivo y que se puedan dar los títulos. Si seguimos así, sé que en algún momento llegarán".

 

Después, casi sin querer, Mariana recuerda sus inicios en el fútbol. Allá, en un Uruguay que está a años de distancia. Pero cuando la ráfaga de los recuerdos le trae aquellos días, el corazón parece latirle más fuerte. "Mi papá es director técnico de un club de barrio que está en mi pueblo. Al principio yo lo acompañaba y me dejaba jugar, pero mi mamá no quería que jugara con varones, porque tenía miedo de que me lastimara. Entonces mi papá formó un equipo de fútbol femenino, con chicas del barrio. Gracias a él pude empezar a jugar y no lo solté más".

Mariana Bertolini le puso la firma a 6 tantos y encabeza la tabla de goleadoras azulgranas, pero sin embargo, gambetea al rotulo de artillera: "No me gusta el término, trato de no mirar la tabla de goleadores, lo único que me propongo es trabajar en función del equipo". Federica coincide, y suma: "Este tiempo me ha tocado convertir, pero no me vuelve loca hacer goles. Si bien juego por afuera, trato de terminar adentro del área, en la zona de finalización. Pero la banda a veces te lleva a retroceder: soy una jugadora ofensiva, pero no me molesta dar una mano en el lateral cuando es necesario".

 

"Acá en San Lorenzo me encontré con un mundo totalmente diferente de lo que es Uruguay. Si bien el deporte en Argentina no es profesional, me encontré con un club que trabaja con mucho profesionalismo, hay una diferencia abismal. Desde los viáticos hasta las instalaciones, pasando por el apoyo dirigencial. Este año, con el Futsal, pudimos jugar en el Polideportivo Boedo y es otro nivel: fue un momento muy lindo, mis compañeras estaban muy emocionadas y yo pude entender lo que significaba para el club jugar ahí", cuenta Federica Silvera. Mientras que Mariana Bertolini recuerda el momento que se lleva tatuado en el corazón: "Ahí entendí lo que significaba. Faltaban casi 10 minutos para el final, y salté al campo desde el banco de suplentes. Me escapé por la derecha y definí al palo izquierdo. Grité el gol como nunca, lo sentí de verdad", y sonríe. Está contando el gol a Huracán en el campeonato pasado, el 2-1 que le dio la victoria al Ciclón. Mientras lo relata, se vuelve a escapar por la izquierda. Vuelve a definir. Vuelve a gritar el gol. Así, un millón de veces: son segundos, que duran para toda la vida.

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